El país atraviesa una etapa de fuerte expansión en sistemas de riego, clave para estabilizar rendimientos y optimizar el uso del agua.
Argentina registra un marcado dinamismo en el desarrollo del riego agrícola, un factor considerado esencial para estabilizar los rendimientos, optimizar el uso del agua y fortalecer la producción forrajera en zonas con alta variabilidad climática. Este crecimiento responde a la necesidad de mejorar la resiliencia y eficiencia del sistema productivo.
De acuerdo con información de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP), la superficie bajo riego aumentó en 63.400 hectáreas en los últimos 24 meses. Este incremento refleja un proceso constante de inversiones provenientes del sector privado.
El avance también se sostiene en la incorporación de nuevas tecnologías orientadas al manejo hídrico, lo que permite una mayor precisión en la administración del agua y una mejora en los resultados productivos en distintas regiones del país.






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