Tras celebrar una misa histórica en Estambul y pedir a católicos y ortodoxos ser «constructores de paz», el Sumo Pontífice aterrizó en Beirut. Su llegada estuvo marcada por un recibimiento oficial y la presencia de militantes de Hezbollah en los barrios del sur.

El Papa León XIV finalizó este domingo su viaje apostólico por Turquía con una solemne ceremonia en la Catedral Patriarcal de San Jorge, en Estambul. Antes de partir hacia la segunda etapa de su gira, el Sumo Pontífice encabezó una Divina Liturgia y visitó el sitio del primer Concilio ecuménico de la historia, enviando un fuerte mensaje de reconciliación. En su homilía, exhortó a todos los cristianos a superar las divisiones históricas: «Ha habido muchos malentendidos e incluso conflictos en el pasado, pero estamos llamados a considerarnos siempre como hermanos», manifestó, subrayando la urgencia de trabajar por la «plena comunión».

Durante su discurso de despedida, el Papa enfatizó el rol conjunto que deben desempeñar las distintas ramas del cristianismo en un mundo convulsionado. «Católicos y ortodoxos estamos llamados a ser constructores de paz», sostuvo, aclarando que esta paz no es solo fruto del esfuerzo humano, sino un «don de Dios» que se alcanza mediante la oración y la penitencia. Estas palabras resonaron con fuerza antes de su partida hacia el Líbano, un país donde la convivencia interreligiosa es un factor determinante para la estabilidad social.

Horas más tarde, el avión papal aterrizó en el Aeropuerto Internacional Rafic Hariri de Beirut, donde León XIV (Robert Francis Prevost) fue recibido con máximos honores militares y la presencia de la cúpula política y religiosa del país. La llegada del Pontífice generó una movilización masiva, incluyendo un despliegue cultural con bailarines tradicionales en el palacio presidencial, marcando el inicio de una visita que se anticipa compleja debido a la delicada situación geopolítica de la región.

El clima social en el Líbano se hizo evidente desde el primer momento. En los barrios del sur de Beirut, zona de influencia de la milicia chií, grupos juveniles afiliados a Hezbollah se congregaron para dar la bienvenida al líder católico. Lo llamativo de la jornada fue la aparición de vallas publicitarias saludando al Papa junto a imágenes del jefe asesinado Hassan Nasrallah, una señal del respaldo de los militantes apoyados por Irán y un recordatorio de las tensiones latentes que enmarcan esta visita pastoral.

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