En un gesto para descomprimir la interna, el diputado planteó que el Gobernador asuma la conducción del partido en la Provincia. Busca unificar posturas de cara al futuro.
En un movimiento sorpresivo que sacude el tablero del peronismo, Máximo Kirchner propuso este viernes que Axel Kicillof asuma la presidencia del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires. La jugada, interpretada como una «ofrenda de paz» en medio de una interna feroz, busca desactivar la batalla campal que amenazaba con fracturar al espacio a días del cierre de listas.
El líder de La Cámpora y actual titular del PJ bonaerense planteó la necesidad de «una lista de unidad» encabezada por el Gobernador. La propuesta llega en el momento de mayor tensión entre el kirchnerismo duro y el «kicillofismo», y tiene un objetivo claro: evitar una sangría política que debilite a la principal oposición al gobierno de Javier Milei.
«No hay margen para aventuras personales ni caprichos. La unidad no es una opción, es una obligación», dejaron trascender desde el entorno de Máximo al confirmar la noticia. La oferta implica que Kirchner daría un paso al costado en la conducción partidaria, cediendo el lugar institucional a Kicillof para que ordene a la tropa.
El calendario apura las definiciones: el próximo 8 de febrero vence el plazo para presentar las listas. Hasta hace horas, el escenario más probable era una competencia desgastante entre los leales a La Cámpora y los armadores del Gobernador, que venían reclamando «lugares reales» en la toma de decisiones.
En la Casa de Gobierno en La Plata tomaron la novedad con cautela. Si bien el gesto descomprime, cerca de Kicillof leen la letra chica: asumir la presidencia del partido también implica hacerse cargo de la contención de todos los sectores y, fundamentalmente, de la estrategia electoral para las legislativas.
La propuesta de Máximo patea la pelota al campo del Gobernador. Ahora, Kicillof deberá decidir si acepta el convite y toma las riendas del aparato partidario más grande del país, o si mantiene su estrategia de construcción paralela. La moneda está en el aire, pero el mensaje fue enviado: o hay unidad con Axel a la cabeza, o el peronismo bonaerense camina al abismo.






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