La suspensión de una reunión con la central sindical expuso tensiones dentro del peronismo cordobés y volvió a mostrar el distanciamiento entre el gobernador Martín Llaryora y su antecesor, Juan Schiaretti.
La decisión del gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, de no avanzar con un encuentro previsto con la CGT reavivó tensiones tanto con el sindicalismo nacional como dentro del propio peronismo provincial. Mientras desde la central obrera aseguran que la reunión estaba pactada, en el entorno del mandatario negaron que hubiera una cita en agenda.
Detrás del episodio, distintos sectores del justicialismo cordobés señalan que el faltazo sirvió para evitar profundizar la interna que atraviesa al espacio entre el llaryorismo y el schiarettismo. El malestar quedó expuesto días antes, cuando Juan Schiaretti y su esposa, la senadora Alejandra Vigo, no asistieron a la apertura de sesiones de la Legislatura provincial, donde Llaryora brindó su discurso anual.
Dirigentes del peronismo local admiten que la relación entre ambos sectores atraviesa un momento delicado, con diferencias que se extienden desde el control territorial en Córdoba capital hasta la estrategia parlamentaria en el Congreso. En ese marco, el schiarettismo busca consolidar un bloque propio para negociar con el Gobierno nacional, mientras observa con recelo los movimientos del actual gobernador.
Las tensiones se profundizaron luego de la participación del ministro provincial Miguel Siciliano en un encuentro sindical en Mar del Plata, donde compartió mesa con dirigentes nacionales y con Carlos Bianco, funcionario cercano al gobernador bonaerense Axel Kicillof. Ese gesto no cayó bien en el entorno de Schiaretti y reforzó la idea de un reordenamiento político que excede las fronteras provinciales.
En paralelo, Córdoba se prepara para una jornada de protestas de los gremios estatales contra la reforma previsional aprobada a fines de 2025, en un clima de creciente conflictividad social y sindical. La ausencia de un canal de diálogo con la CGT nacional suma presión a un escenario ya atravesado por disputas internas, en un año clave para la definición del rumbo político del peronismo cordobés.






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