En un área alcanzada por la ordenanza de fitosanitarios, el productor Dante Garciandía reconvirtió un campo en desuso en una explotación de alfalfa que generó actividad económica y valor para el distrito.
Desde hace varios años, el distrito de Carlos Tejedor, en la provincia de Buenos Aires, cuenta con una ordenanza que regula el uso de fitosanitarios en las zonas periurbanas.
La normativa fija una franja de exclusión de 300 metros a partir del límite urbano y un área adicional de 700 metros en la que las aplicaciones solo pueden realizarse con receta agronómica y autorización municipal. Si bien la medida busca ordenar el uso del suelo, su aplicación suele generar debates y obliga a algunos productores a modificar sus sistemas productivos.
En ese marco, un lote que había permanecido sin actividad durante un período prolongado se transformó en el punto de inicio de una experiencia productiva que demuestra la posibilidad de adaptarse a la normativa ambiental vigente sin resignar producción.






Deja un comentario