Ante la irregularidad de las precipitaciones y la escasez de pastizales naturales, el sorgo se consolida como el recurso fundamental para los productores ganaderos del país.
El manejo de la alimentación bovina atraviesa una etapa de desafíos constantes debido a la variabilidad climática que afecta la producción de forraje fresco en los lotes. Bajo la premisa de cuando el pasto no alcanza el sorgo se abre paso como aliado ganadero, los ingenieros agrónomos recomiendan la incorporación masiva de este cultivo por su gran resistencia a la sequía y su alta producción de biomasa. El sorgo permite generar reservas forrajeras de alta calidad mediante el silaje o el pastoreo directo, asegurando que los animales mantengan su condición corporal durante los periodos críticos del año. A diferencia de otros cultivos más exigentes, este cereal demuestra una capacidad de recuperación asombrosa ante el estrés hídrico, lo que brinda una red de seguridad vital para el criador de hacienda. El informe resalta que la tecnología de semillas ha avanzado permitiendo variedades con menor contenido de taninos y mayor digestibilidad, optimizando la conversión en kilos de carne. Los productores que han apostado por esta alternativa en la zona núcleo argentina manifiestan una reducción en los costos de suplementación con granos más caros como el maíz. La versatilidad del sorgo también ayuda a proteger el suelo, proporcionando una cobertura eficiente que evita la erosión durante los meses de viento fuerte. Se recomienda realizar una siembra escalonada para escalonar la oferta forrajera y aprovechar al máximo las ventanas de crecimiento estival. Este cultivo se ha transformado en un componente estratégico para la sustentabilidad de los establecimientos ganaderos que buscan profesionalizar su gestión de recursos. Los técnicos del INTA brindan asesoramiento constante sobre el manejo de las densidades de siembra y el momento óptimo de aprovechamiento para maximizar los nutrientes.





Deja un comentario