Un informe técnico destaca que la relación de precios y los costos de producción permiten proyectar resultados económicos favorables para los criadores y engordadores.

El panorama económico para la ganadería de carne en la Argentina ha comenzado el ciclo anual con una tendencia que brinda alivio a los productores de todo el territorio nacional. Se detalló que existen margenes ganaderos solidos en el inicio del ano, impulsados por una recomposición de los valores de la hacienda en pie y una estabilidad relativa en el precio de los granos utilizados para la suplementación. Los especialistas en agronegocios resaltan que esta situación permite a los establecimientos rurales planificar inversiones en infraestructura, como mejoras en aguadas y alambrados, que habían quedado postergadas en campañas anteriores. La demanda sostenida del mercado interno, sumada a la fluidez de las exportaciones hacia destinos estratégicos, ha generado un equilibrio que favorece la retención de vientres y el crecimiento del stock nacional. Sin embargo, el informe advierte que es necesario monitorear de cerca el impacto de la inflación en los costos logísticos y de mano de obra para mantener estos niveles de competitividad. Aquellos productores que han apostado por la eficiencia genética y el manejo pastonil tecnificado son quienes presentan los mejores números de retorno sobre la inversión. Las asociaciones del sector se muestran optimistas, aunque reclaman políticas de largo plazo que garanticen la estabilidad de las reglas de juego para el comercio exterior. El clima también ha acompañado con lluvias en zonas clave de cría, permitiendo un buen estado corporal de los animales antes del ingreso al invierno. Se espera que, de mantenerse estas variables constantes, la ganadería actúe como un motor fundamental de la economía regional durante todo el 2026. Los técnicos del INTA recomiendan aprovechar este periodo de buenos márgenes para profesionalizar la gestión administrativa de los campos.

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