Con nuevas proyecciones de siembra y un mercado internacional demandante, este cultivo intenta ganar hectáreas en las principales zonas productivas del país.
La diversidad de cultivos es fundamental para la sustentabilidad del sistema productivo argentino, y una de las opciones más tradicionales está recobrando fuerza. Se analizó cómo el girasol busca recuperar un rol protagonico en la agenda estrategica del agro, impulsado por mejoras en la genética de las semillas y una demanda sostenida de aceites de calidad a nivel global. Los especialistas del sector destacan que el cultivo presenta una gran adaptabilidad a diferentes climas, especialmente en zonas donde la falta de agua puede afectar a otras oleaginosas. Las cámaras empresariales están trabajando en conjunto con el gobierno para fomentar políticas que incentiven la molienda local y la exportación con valor agregado. Durante las últimas jornadas técnicas, se resaltó que la incorporación de tecnología digital y el manejo preciso de los nutrientes están permitiendo alcanzar rindes históricos en campos que antes tenían un potencial limitado. Los productores ven en el girasol una alternativa rentable que permite diversificar el riesgo económico y mejorar la rotación de los suelos en el largo plazo. El informe también subraya la importancia de mantener estándares de sanidad para combatir plagas recurrentes que pueden afectar el llenado del grano. Con el inicio de la planificación para la nueva campaña, las expectativas son optimistas en cuanto a la intención de siembra en las provincias de Buenos Aires, Chaco y La Pampa. La industria aceitera nacional está preparada para procesar los mayores volúmenes esperados, consolidando a la Argentina como un referente mundial en la materia. Este resurgimiento del girasol promete dinamizar las economías regionales y generar nuevos puestos de trabajo en toda la cadena de valor.





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