La carne experimentó una caída de precios durante julio, tal como lo registraron los principales sistemas de medición tanto en el ámbito oficial como privado. Este comportamiento genera expectativas particulares sobre cómo evolucionarán los valores en los meses siguientes.
El amesetamiento de precios en las góndolas está condicionado fundamentalmente por lo que suceda con el precio de la hacienda. Este último es el factor más relevante a la hora de determinar cuál será la cifra que termina pagando el consumidor cuando compra sus cortes habituales.
Los especialistas que analizan el comportamiento del mercado cárnico proyectan que agosto y septiembre transcurrirán sin presiones alcistas sobre los precios. La expectativa es conservadora: se espera una cierta estabilidad en la oferta y los valores durante estos dos meses.
No obstante, cuando comienzan a aproximarse las festividades de fin de año, el escenario podría modificarse. Es en esa época cuando los analistas advierten sobre la posibilidad de un repunte en los precios, respuesta natural a una mayor demanda típica de esos períodos.
Este ciclo estacional es bien conocido en la industria. Las fechas cercanas a las celebraciones de diciembre históricamente generan picos de consumo que impactan en los valores. Por el momento, sin embargo, los consumidores pueden respirar con cierta tranquilidad ante la perspectiva de precios contenidos en el corto plazo.
La clave seguirá siendo el comportamiento de la hacienda, variable que determinará en última instancia si estas proyecciones moderadas se cumplen o si existen sorpresas en el camino.
Imagen: Fausto Hernández / Pexels – Con informacion de Clarín Rural






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